Casi un mes sin escribir… ¡estoy que me subo por las paredes!
Sé que dicen que el hábito de escribir, aunque sea 15 minutos al día es importante para sacar adelante un libro. Pero cuando no se puede, no se puede. Como dogma está bien, pero yo no soy capaz de trabajar así. Necesito sentarme y concentrarme un rato para ser productivo. Necesito meterme en la historia y en quince minutos no soy capaz de cambiar el chip y escribir un párrafo decente y quedarme con todo lo que tengo por sacar encerrado hasta el día siguiente.
Si arranco, lo hago con todas las consecuencias y la familia corre el riesgo de quedarse sin cenar o mi trabajo «real» sin hacer.
Por suerte, he podido hacer un hueco entre todas las responsabilidades y obligaciones para sentarme delante del ordenador y retomar una de las mayores aventuras que se puede vivir. Volcar una historia salida de mi mente en un montón de palabras que la transformen en algo real y palpable. Y sobre todo haciendo que pueda ser compartida con otras personas.
Dar con unos protagonistas que enganchen al público se puede considerar de vital importancia al escribir una novela, ¿no es así?
Mi impresión es que de un modo u otro, todos nos sentimos identificados con los protagonistas, ligados de alguna manera.
El lector está ligado a los protagonistas
Porque nos hemos parecido a ellos de jóvenes, o son un referente para cuando alcancemos su edad. Porque consideramos que tienen unos valores parecidos a los nuestros, o por el contrario, los rechazamos y nos enfrentamos directamente a su personalidad anhelando no convertirnos en ese ser. Porque también cargan con nuestros anhelos y deseos más profundos, o bien los hacen aflorar irreflexiva y despreocupadamente como quisiéramos nosotros hacer en lo más profundo de nuestro ser.
Puede haber mil razones, tantas como lectores. Pero creo que si el protagonista no remueve nada en nuestras entrañas cuando cogemos entre las manos el libro y lo comenzamos a leer, nos podemos dar por fastidiados.
Sea como sea, dar con unos «protas» que enganchen al lector es una tarea muy compleja. Y por supuesto depende en gran medida del público objetivo de nuestro libro. En mi caso, he trabajado dos tipos de protagonistas.
El primer tipo serían unos protagonistas, a los que se podría decir que conozco bien, porque me he basado en la personalidad de ciertos individuos con los que he tenido oportunidad de tratar mucho. Personas reales de mi entorno, de carne y hueso. Eso ha facilitado hacerlos más realistas y verosímiles, aunque ha requerido llevarlos a situaciones poco comunes de cara a aportar creatividad e interés a la trama. Por suerte o por desgracia, la gente a mi alrededor no vive grandes aventuras épicas. Por lo tanto, podríamos decir que se simplifica en cierta medida el dar vida a los personajes, pero se complica el conflicto que desarrolla la novela. Esto es lo que ocurre por ejemplo en la novela que estoy terminando, Tiempo de Paz.
A personajes más cercanos, situaciones más inverosímiles.
El otro tipo, son los protagonistas cuya personalidad y contexto quedan más lejos de nuestra experiencia personal. Sus vidas, ambientadas en un contexto fuera de la normalidad a la que estamos acostumbrados, incluyen unas circunstancias que facilitan causar impacto en el lector. Por lo tanto, la trama podría no requerir ser tan impactante si logramos sacar jugo a la personalidad del personaje, aunque sí que debe seguir siendo lo suficientemente atractiva para no perder el enganche del lector. Al ser personajes «inventados», o salidos de la imaginación, requieren un mayor esfuerzo de documentación. Por ejemplo, cómo actúa y vive una estrella mediática si ese es el rol de nuestro personaje (y con eso avanzo algo de mi otra novela en producción). Por supuesto, corremos mayor riesgo de caer en tópicos, inconsistencias o falta de credibilidad. Vamos, que la complejidad aumenta exponencialmente…
Amig@, quien dijo aquello de «escribe sobre lo que conoces» (ahora, en relación a los personajes) tenía algo de razón sin duda.
Las vacaciones son un momento ideal para sacar algo de tiempo y ponerse a escribir. Entre viajes, excursiones, restaurantes, playas, juegos en familia o visitas turísticas siempre se puede encontrar un momento en que abrir el ordenador portátil y escribir algo. Y si no, tampoco hay problema porque esos días pueden ser un pozo si fin de inspiración.
De hecho, como siempre, la realidad supera la ficción y en una de esas salidas en estas vacaciones, para hacer una caminata por la naturaleza, di con un entorno que podría ser el escenario perfecto para unos capítulos muy especiales del libro Tiempos de Paz. ¡Los que tengan oportunidad de leer los capítulos 7 a 9 ya me contarán! 😀
Y lo mejor, es que son sitios MADE IN SPAIN. No hace falta salir de nuestro país para encontrar lugares fascinantes.
Hoy hace seis meses que comencé a escribir este último libro. Fue el 08/02/2025 como muestra la foto. Todo arrancó, como dije en el post anterior, porque tenía unos followers juveniles y menores de edad que querían un libro que pudieran leer, aunque lo hizo en unas circunstancias complicadas por aspectos profesionales. Escribir no es mi profesión, y podría no serlo nunca.
En cualquier caso, 24 semanas y 26 capítulos más tarde, el desarrollo de la obra está muy avanzada. Empiezo a vislumbrar un próximo final para este episodio, que a falta de mostrar el título oficial, sí que contendrá el subtítulo «Tiempos de Paz».
Dejo para el próximo post la sinopsis del libro, por si a alguien le pica la curiosidad..
Mi primer libro venía fraguándose desde hace varios años. Una historia de dos protagonistas con vidas muy diferentes y un argumento complejo. Con esas cosillas que hacen que un libro sea solo para adultos, aunque cualquier adolescente sepa a estas alturas más que nosotros sobre ciertos temas.
El caso es que mis hijos menores de edad, que los tengo, me hicieron replantear la situación. Fue algo así como, «papá, ¿estás escribiendo un libro que no podemos leer nosotros?». Eso, dicho con cara de pena y en una situación en la que me era imposible abordar la fase final de aquel libro que ya tenía muy avanzado, me llevó a tener una genial idea… Y es que donde cabe un libro, caben dos.
Así que me puse manos a la obra. Dejé colgada la ópera prima que tan primorosamente había escrito durante mucho tiempo y, «olé yo», me puse a escribir un libro que pudieran leer mis vástagos. Y en ello estamos. Ahora, el problema es que ellos leen mucho más rápido de lo que yo escribo. Así que siento su aliento en mi cogote, pidiendo más y más capítulos que devorar.
Pero, ¿qué puede haber mejor que el hecho de que los culpables de que escriba el libro estén ansiosos por leerlo?
Bienvenidos al blog de Andrew S. Moon. Por supuesto, este no es mi nombre real, pero tampoco es un pseudónimo cualquiera ni elegido al azar. Tiene mucho sentido para mí.
Como recojo en la temática del blog, estará destinado a comentar aspectos sobre la literatura que desarrollo y las publicaciones que realice.
Espero y deseo que guste a todos los que se acerquen por él. Pero me conformaré con no insultar su inteligencia con mis palabras 😉